El trazo detenido | Recuerdo

Algunas líneas nunca terminan, solo cambian de mano.

De niño, solía recostarme en el piso de mi habitación. Ese era mi lugar seguro, donde todo comenzaba.

Niño recostados sobre el piso

Recuerdo la calma… dibujaba un ángel una y otra vez, como si necesitara que alguien me vigilara desde algún lugar que ya había olvidado.

Niño dibujando un ángel

Y entonces todo se quiebra. La luz del pasado se apaga, y despierto en la sombra de mi realidad presente.

Protagonista adulto en contraste con su yo niño

Hoy solo pinto verjas ajenas. Termino una más, y apenas alcanzo a dibujar una sonrisa que no siento.

protagonista pintando una verja

Mi jefe irrumpe como un trueno. Dice que soy lento, que no sirvo para esto… como si la prisa fuera un arte en sí misma.

Jefe regañando al protagonista

Le respondo, fiel a mi maldición: “Soy un artista”. Él no entiende. Se enfurece. Y en un instante… estoy despedido.

Protagonista siendo despedido por su jefe

Me quedo quieto, pensando… o intentando hacerlo. Pero no tardo en escucharlo: esa voz áspera que rompe mis silencios. Uno de mis demonios vuelve a hablarme, como siempre, recordándome que nunca se ha ido.

Protagonista reflexionando

La noche me traga mientras avanzo hacia un bar. La lluvia cae como si quisiera borrar el mundo… o quizá borrarme a mí.

Fachada de un bar en la noche lluviosa

Dentro, varios tragos empiezan a pesar. Hablo con la bartender, pero mis palabras ya no sienten su propio peso.

Protagonista hablando con la bartender

De pronto, algo me interrumpe. Un hombre detrás de mí empieza a criticarme, diciendo que soy solo un soñador y que no he logrado nada real.

Hombre misterioso en el bar

Es él… mi antiguo maestro de pintura. Pero en mi mente solo puedo verlo como un demonio, uno de mis temores más profundos.

Maestro de pintura representado como un demonio